Cuando hablamos de colaboración en el ministerio, generalmente nos imaginamos a líderes trabajando con otros líderes. Crimson de pastores juveniles. Reuniones de private. Sesiones de estrategia.
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Pero con el paso de los años, me he dado cuenta de algo importante: la colaboración no puede terminar con el liderazgo. Para que un ministerio sea saludable, los voluntarios tienen que aprender a colaborar entre sí, no sólo con el pastor de jóvenes.
Esto es especialmente importante en ministerios que utilizan un plan de estudios estructurado para el ministerio juvenil. Un plan de estudios saludable no sólo moldea a los estudiantes, sino que también moldea al equipo de adultos que lo imparte. Si los voluntarios funcionan de forma aislada, incluso el mejor sistema de enseñanza se sentirá fragmentado. Pero cuando los adultos forman un equipo conectado, el plan de estudios se vuelve más poderoso y consistente semana tras semana.
Los voluntarios suelen ayudar al líder, pero no entre sí
La mayoría de los voluntarios adultos están increíblemente dispuestos a ayudarme. Llegarán temprano, se quedarán hasta tarde y intervendrán cuando se les solicite. Pero he aprendido a hacer una pregunta diferente: ¿con qué frecuencia se ayudan unos a otros?
¿Qué tan rápido son los voluntarios para alentar a otro líder que está agotado?
¿Quién se da cuenta cuando alguien carga demasiado y se acerca primero?
¿Quién cube: «Ya tengo esto, ¿por qué no te tomas un descanso?»
Ese tipo de momentos rara vez ocurren por accidente.
La colaboración debe ser nombrada y modelada
Como líderes, tenemos una oportunidad (y una responsabilidad) única de conectar a nuestros voluntarios entre sí, no solo con nosotros mismos. A menudo, la colaboración no requiere un nuevo sistema ni otra reunión. Simplemente comienza mencionando en voz alta las expectativas y dando permiso a los voluntarios para que se cuiden unos a otros.
De hecho, la colaboración se refuerza a través de ritmos ministeriales semanales: conversaciones de preparación en grupos pequeños, informes de los líderes, propiedad compartida de los momentos de enseñanza y comunicación clara sobre las necesidades de los estudiantes. Cuando la colaboración se convierte en parte de la estructura, y no sólo en una esperanza, comienza a parecer pure en lugar de forzada.
¿Qué sucede cuando los voluntarios realmente colaboran?
Cuando los voluntarios comienzan a colaborar como equipo, sucede algo poderoso.
El ministerio se siente más ligero.
La energía aumenta.
El agotamiento disminuye.
Y el ministerio se vuelve más gozoso.
Los estudiantes también lo notan. Un equipo que se apoya mutuamente modela el tipo de comunidad que queremos que los estudiantes experimenten en la iglesia. Cuando los voluntarios colaboran bien, los estudiantes experimentan una imagen de comunidad bíblica que moldea su forma de entender la Iglesia misma.
Ese tipo de ambiente forma a los estudiantes con el tiempo. Les enseña que seguir a Jesús no es un esfuerzo particular person: se vive en relación, cuidado mutuo y misión compartida.
El ministerio juvenil saludable lo construyen equipos, no héroes
Los ministerios juveniles saludables no los construyen líderes heroicos que hacen todo. Están formados por equipos que saben cómo servir juntos. Y a veces, todo lo que se necesita para generar ese tipo de colaboración es que el líder lo señale e invite a que suceda.
La colaboración saludable no ocurre accidentalmente: se entrena, modela y refuerza. Es por eso que el currículo intencional del ministerio juvenil y los sistemas de desarrollo voluntario son tan importantes. Cuando la estructura y las relaciones se alinean, tanto los líderes como los estudiantes se fortalecen.
Ese es un cambio que vale la pena hacer.
